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Shinrin-yoku o baño de bosque

Es una práctica saludable procedente de Japón que significa “baño de bosque” o “terapia del bosque”. Fue iniciada por la Agencia Forestal de Japón en el año 1982, debido a los crecientes niveles de estrés de la población en las ciudades. Es una terapia que está inspirada en las tradiciones budistas que promueven la comunicación con la naturaleza a través de los cinco sentidos.

La práctica consiste en pasearse por un bosque poniendo atención a todo lo que nos rodea, los olores, los sonidos, el canto de los pájaros. Más que un paseo es una forma de meditación. 

Las sesiones deben hacerse de manera pausada y relajada disfrutando todos los colores, los olores, las texturas de los diferentes elementos del bosque, acompañados de unos ejercicios de respiración dirigidos. 

El gobierno japonés ha hecho grandes inversiones en la investigación científica sobre los efectos terapéuticos de los bosques. Con técnicas avanzadas de neurobiología se ha comprobado que simplemente estar en un bosque disminuye la actividad del corte prefrontal, la parte del cerebro donde estaño las funciones congestivas y ejecutivas como planificar, resolver problemas y tomar decisiones. En cambio, la actividad se desplaza a otras partes del cerebro relacionada con la emoción, el placer y la empatía. 

El fisiólogo y antropólogo Yoshifumi Miyazaki, desde la Universidad de Chiba, y el El inmunólogo Qing Li, de la Escuela de Medicina de Tokio, lideran las principales investigaciones. Durante la última década han llevado a cabo repetidos estudios para evidenciar los efectos fisiológicos en personas expuestos a un entorno de bosque o a sólo algunos elementos de ese entorno. Y han medido diferentes parámetros, constantes vitales y la actividad cerebral en centenares de personas antes y después de una sesión de shinrin-yoku. 

El Doctor Qing Li ha demostrado que un paseo por un bosque o por un parque aumenta significativamente la concentración de células NK (del inglés natural killer) en sangre, un tipo de glóbulo blanco que contribuye a la lucha contra las infecciones y contra el cáncer. El efecto beneficioso del paseo del bosque, aumentando los linfocitos NK y las proteínas anti-cáncer, puede durar hasta una semana. Según Li, los compuestos volátiles emitidos por los árboles (fitoncidas) son los principales responsables de este efecto beneficioso sobre el sistema inmunitario. Es una nueva medicina preventiva. 

Los resultados de los estudios revelan que con un paseo de un par de horas por el bosque se reduce la presión sanguínea, decrece la concentración de cortisol en la saliva (biomarcador del estrés), bajan los niveles de glucosa en la sangre, se reduce la actividad cerebral prefrontal y se estabiliza la actividad nerviosa autónoma en los humanos.

Los trabajos concluyen que pasear varias veces al mes por un bosque fortalece el sistema inmunitario del hombre. Se incrementa el vigor y se reducen los niveles de ansiedad, depresión, angustia y fatiga. Además de mejorar el sistema cognitivo. 

Para la investigadora británica Liz O’Brien, autora del informe Arboles y parajes forestales. Servicio de salud natural , “los bosques son entornos restaurativos donde los sonidos, la vista y los olores experimentados juegan un papel fundamental reduciendo el estrés y estimulando los sentidos”. Los estudios realizados por O’Brien se dirigen a profesionales de la salud y el medio ambiente. “La calidad de vida que se deriva de frecuentar el bosque, se traduce en bienestar físico, psicológico y social. Además, la visita al bosque gratuita. 

La Asociación de Terapia de Bosque y Naturaleza de Estados Unidos indica que hay una serie de pautas necesarias para beneficiarse del Shinrin Yoku:

•  Conectar con la naturaleza: hay que desplazar la mente a lo largo del paisaje, de tal manera que se abran los sentidos, se cultive la presencia propia y se comunique la persona con la tierra.

•  No tener afán: los paseos de baño de bosque no tienen como objetivo primordial hacer ejercicio físico (no implica un esfuerzo físico). Normalmente estos paseos son de un kilómetro y medio y duran entre dos y cuatro horas.

•  Prestar atención: frenar y abrir los sentidos. Dejar que los mensajes de la tierra y la naturaleza entren profundamente en la mente y en los corazones.

•  Dedicarle tiempo: el baño de bosque no es cosa de una única vez y desarrollar una relación significativa con la naturaleza lleva tiempo.

•  Dejarse guiar por un experto: como el yoga, la meditación o el ejercicio, el baño de bosque se aprende mejor con un guía cualificado.

  •  Pasear no lo es todo: el paseo es importante, pero hay otras rutinas que ayudan a profundizar en la relación con la naturaleza. Algunas de ellas son sentarse o comunicarse con otras especies.

Instructores en EE.UU. de shinrin-yoku, cometan que ésta práctica se basa en una gran cantidad de evidencias científicas que demuestra que pasar tiempo andando tranquilamente por el bosque tiene significativos efectos sobre la salud. Pero no es como una excursión. Es más lento. En cierta forma, es un paseo meditativo. Es conveniente que alguien que conozca la práctica guíe a las personas porque ayuda a obtener el máximo de la experiencia. 

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